21 enero 2008


Valentina Saa



a R.R.

Duende que se posa en mis pies, convirtiéndolos en alas que revolotean sobre la danza de las olas. Las nubes se deshacen en lágrimas y todo verde, verde, delineado por un techo gris que amenaza más aguaceros de risas tuyas, tejidas entre palabras que me corren por las venas, que se forman en sueño, que se elevan a esas nubes que luego de desharán en lágrimas y humedecerán las montañas que ahora me rodean, mientras por instante cierro los ojos y tus labios se pintan en mis párpados, y trato de tomarlos y bebérmelos de un trago, como si fueras la resulta del abrazo fuerte de muchas uvas que dejan su sangre para teñirnos los momentos en que no nos vemos.
Duende, duende, esa magia que hace a un ser, a una ciudad… Duende, duende, que apareces en mis sueños y logras un país completo… Duende, duende, que te posas en mis pies, convirtiéndolos en alas…

Se hace un camino en la arena, las pisadas se van borrando por las olas que juegan a seguirnos, la brisa crea un remolino sobre el agua, azul transparente y tú, Duende, respiras y te llenas de imágenes, peinas al día con tus palabras, que van, que vienen, que se mecen en una hamaca, arrullando al niño que llevas en tus pensamientos.

Duende, duende, que posas en mis pies, convirtiéndolos en alas que revolotean bajo los rayos de sol, entre el murmullo del mar, junto a las palabras que nos decimos, con las risas que entregamos…
Duende, duende, que te posas en mis pies, convirtiéndolos en alas, que me llevan lejos, más allá del horizonte cielo, horizonte mar, norte o sur…

11.01.08
Imagen de Jan Saudek

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