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27 octubre 2010

Utam



De manera indecible transcurre este viaje a través del disco Utam y sus piezas “Srimat”, “Contentment” y “Nature”. Del disco El Supremo Hongo Imaginario y sus piezas “My afternoon”, “She plays a game”, “Gas Comunication” y “Red ocean of light”. Y del disco Utam: The old world y sus piezas “Fun”, “City Zen performance” y “The old world”.
Ésta es una subjetiva del viaje por El Inédito Generador Sónico*


26 octubre 2010

La verdadera historia de PP'S.



Eric Colón


Pedro Pérez es el show


Apretado en unos pantalones dorados de spandex, Pedro Pérez se contorsiona serpenteante sobre el escenario del programa La Revista Musical que conduce Juan Manuel Laguarda y que transmite venezolana de televisión, en el horario estelar de los sábados de 1981. Ocultando sus ojos tras unos enigmáticos lentes oscuros, el extravagante personaje toma el micrófono:


“!…Ahora señoras y señores, les tenemos una sorpresa…!, el productor ha traído dos sacos de hormigas y los ha regado por todo el teatro…las hormigas están en las alfombras, en sus asientos señores, ¡las hormigas se suben al escenario!...!yes!, ¡yes!, ¡yes!, ¡tengo hormigas en los pies...!. Y vuelve a saltar eufórico, como si estuviera bailando en una sartén caliente.


09 abril 2009

Da Vinci en la cocina: una serie de eventos desafortunados


No se sabe a ciencia cierta si los apuntes de cocina de Leonardo descubiertos en 1981, son auténticos. Sólo se sabe que estaban acompañados del siguiente encabezado: “Este trabajo, que es una copia que yo, Pascuale Pisapia, realicé del manuscrito de Leonardo da Vinci que se halla en el museo Ermitage de Leningrado”. Pero existen y son divinos. Incluyendo el prólogo de Rafael Galvano para la edición argentina.


Maruja Dagnino



Leonardo estaba totalmente seguro de que un confitero debería tener estudios de arquitectura, pues “careciendo de conocimientos de resistencia y peso no podría realizar sus creaciones sin que se derrumbaran”. Esta premisa tiene mucho sentido para un hombre que quiso hacer un penetrable de mazapán de sesenta metros e intentó crear una máquina para cortar berros que terminó siendo utilizada como arma de guerra.
En realidad, este excéntrico inventor que fue Leonardo, abrigó grandes ideas que para su época resultaban sencillamente irrealizables, tanto como sus proyectos culinarios.
De Leonardo Da Vinci se conocen los artilugios que diseñaba prolijamente, las obras de arte -off course- estudios anatómicos, pero poco se sabía de su afición a la cocina hasta que en 1981 se encontró una supuesta transcripción de sus manuscritos. Afición que no sólo lo llevó a regentar dos tabernas, una de ellas con Sandro Boticelli, sino a convertirse en el jefe de banquetes de Ludovico El Moro.
Incluso parece que lo distraía de su oficio de pintor -razón por la cual la mayor parte de sus obras quedó inconclusa- fuera la cocina, en la que también, por cierto, fue trágicamente adelantado a su época. Algunos incluso creen que fue prácticamente un precursor de la nouvelle cusine, en una época en la que tanta frugalidad terminaba siendo considerada una estafa.
La enseña de las tres ranas de Sandro y Leonardo cerró por un motín de los comensales, que no podían aceptar el menú de degustación con que Da Vinci pretendía sustituir las suculentas y exuberantes bacanales a las cuales estaban acostumbrados los rudos hombres del Renacimiento.
Pero Leonardo era un innovador empedernido, consideraba que las costumbres culinarias de la época eran primitivas y echó a andar toda su imaginación para crear una serie de instrumentos que ahorrarían trabajo en la cocina, sin los cuales hoy no se podría vivir, como el molinillo de pimienta, el rallo, extractor de aire e incluso los rociadores para apagar el fuego en caso de incendio.
Ludovico de Sforza le dio trabajo gracias a una presentación que él escribió de sí mismo, en la que se vendía como un cocinero consagrado, y a pesar de sus metidas de pata el El Moro lo seguía perdonando gracias a sus dotes de pintor. Da Vinci, adorado por un oficio que desdeñaba, pero que lo hizo trascender al mundo de los dioses, y paradójicamente incomprendido en aquello que más amaba: la creación culinaria.
Como hijastro de un pastelero, Leonardo aprendió desde niño el arte del mazapán, con el que modelaba instrumentos de guerra. Pero apenas con once años, su verdadero padre lo rescató y se lo entregó como aprendiz al Gran Verrochio, para que lo entrenara en las artes de la pintura, en las que Da Vinci era un genio tan proporcionalmente a su desdén e indisciplina.
Esos años en Florencia, luego del cierre de la Enseña, no fueron muy auspiciosos. Leonardo era también un virtuoso del laúd, así que se ganaba la vida improvisando con su instrumento de cuerdas, dibujando y haciendo nudos, en lo que también era un experto, pero nadie quería darle trabajo de cocinero después de tan nefastas experiencias.
Despechado por sus fracasos decidió abandonar Florencia y se presento ante Ludovico Sforza, en Milán, con una carta de presentación en la que se describe como constructor, ingeniero, diestro pintor y consumado cocinero. Ante tanto prodigio, Ludovico lo acogió bajo su protección, con el cargo de Consejero de Fortificaciones y Maestro de Banquetes y Ceremonias de la Corte, aunque al principio trabajó como tañedor de laúd y comediante, mientras Ludovico engullía los modelos de fortificaciones que Leonardo le presentaba en mazapán.
Ya en la corte, su primer fracaso sucedió cuando éste le encargó un menú para la fiesta de su sobrina, para la que vino con una propuesta que Ludovico consideró inapropiada, llena de canapés minimalistas, en los que predominaban legumbres.
De Sforza le comunica simplemente que sus creaciones son demasiado frugales para lo que él está acostumbrado a ofrecer a sus invitados. Y Leonardo deberá dirigir la preparación de todo tipo de platos que él consideraba bárbaros y carentes de refinamiento: salchichas de sesos de cerdo de Bolonia, zamponi (pata de cerdo rellenas) de Módena, pasteles redondos de Ferrara, terneras, capones, gansos, pavos reales, cisnes y garzas reales, mazapán de Siena, queso de Gorgonzola que ha de llevar el sello de la Cofradía de Maestros Queseros, carne picada de Monza, ostras de Venecia, macarrones de Génova, esturión en bastante cantidad, trufas y puré de nabos.
Probablemente era cocina bárbara en comparación con el extraño menú de Da Vinci, de cuyos platos no se conocen las recetas sino apenas una descripción escueta: anchoa enroscada alrededor de un brote de col, zanahoria bellamente tallada, un corazón de alcachofa, dos mitades de pepinillo sobre una hoja de lechuga, la pechuga de una curruca, el huevo de un avefría, los testículos de un cordero con crema fría, la pata de una rana sobre una hoja de diente de león, la pezuña de una oveja hervida, deshuesada.
Sin embargo, Ludovico se ha sentido intrigado por los proyectos tecnológicos de Leonardo y le encarga la remodelación de las cocinas del castillo en el centro de Milán. Aparatos de moler, pelar y limpiar, purificadores de aire, y un artefacto para eliminar las ranas del agua destinada al consumo humano, tambores mecánicos para animar a la servidumbre, y la famosa máquina para cortar berros. La cocina de Leonardo ocupaba la armería, la mitad del comedor, los establos cercanos y seis habitaciones que pertenecían a la madre de Sforza.
La cosa se puso verdaderamente espeluznante el día de la inauguración, con un motín de los cocineros que se negaron a tallar una remolacha por comensal con la cara de Ludovico. La comida se retrasa por una hora, de pronto se escuchan unos gritos desesperados en la cocina, donde todo está cubierto de agua, la máquina proveedora de leña se ha descontrolado y lanza los leños por el aire, los fuelles (extractores) del techo avivan las llamas… ¿Qué comieron los comensales esa noche? Eso nadie lo sabe. Pero Leonardo tuvo que partir un tiempo al campo por sugerencia de Ludovico, y es entonces cuando pinta la famosa Virgen de las Rocas (National Gallery de Londres).
Para la boda de Ludovico con Beatrice, Leonardo volvió a las andadas. Ideó una réplica del palacio Sforza, de sesenta metros de largo con bloques premodelados de masa de pastel con nueces y cubiertos con mazapán. Los invitados entrarían al palacio de pastel y se sentarían a una mesa de pastel para comer... ¡pastel!, si no fuera porque las alimañas acabaron con esta obra arquitectónica durante la noche. Por la mañana, amaneció la servidumbre enterrada hasta la cintura en pastel, mientras otros tantos recogía los cadáveres de los roedores.
De fiasco en fiasco, así más o menos transcurre la vida de Leonardo. Ludovico lo envía a pintar La última cena, y él se chulea al Prior de Santa María delle Grazie. Si sobre la mesa de La última cena sólo hay pan, vino, puré de nabos y unas ruedas de anguila por qué Leonardo habría pasado un año pidiendo los mejores vinos y manjares, que él disponía sobre la mesa en la que trabajaba. Después de horas de observación, cambios en la disposición de los platillos y otras maniobras, Leonardo hacía algunos bocetos y luego ordenaba a sus ayudantes que comieran. Así se sucedían los días unos a otros durante un año. “A Leonardo sólo le interesa el contenido de la mesa –escribe el Prior- no sus ocupantes”.
Hay versiones, eso sí, de que la actitud de Da Vinci era una suerte de venganza contra Ludovico, quien no le pagaba su sueldo durante mucho tiempo.
Finalmente, después de que hubo pintado la mesa, terminó la obra en tres meses.
A punto de estallar la guerra con Francia, Ludovico lo envío a cuidar las fortalezas en Milán, pero Leonardo se dedicó a vaciar los almacenes de municiones y convertirlos en cocinas, de modo que el ejército de Luis XII la única resistencia que encontró fue la cortadora de berros de Leonardo y unos soldados ebrios con el vino que Leonardo les vendía. Lo que podría hacernos inferir que, por culpa de la obsesión de este hombre por la cocina, Milán perdió sino la guerra, a menos esta batalla.
Esto es más o menos lo que nos deja ver Rafael Galvano, traductor y prologuista de Apuntes de cocina de Leonardo Da Vinci (Editorial Astri, BA). Pero también es verdad que Da Vinci era un hombre de guerra. Pasó muchas horas de su vida inventando instrumentos bélicos, y también es cierto que Luis XII se alió con los Borgia. Probablemente Da Vinci lo sabía y vio que no había nada que hacer.
Pero Galvano da cuenta de un tipo totalmente delirante, irresponsable, caprichoso, genial e incomprendido. Y antes que nada goloso, obsesionado por la comida pero pésimo en materia de marketing. Su problema era que lo quería todo o nada.
Murió un poco después de haber compartido su cocina en secreto con el rey Francisco en Francia y haberse llevado a la tumba el invento culinario más popular del mundo: los espaguetis. A pesar de que Francisco le suplicó -a cambio de convertirlo en el plato nacional de Francia- le entregara la máquina que él había diseñado y que permanecía guardada en una caja negra, Leonardo prefirió morir despechado ante la indiferencia de unos comensales insensibles, que jamás aceptaron ninguna de sus creaciones. Ni siquiera sus spaghetti.
RECETAS Y NOTAS
A cerca de las hierbas
“Si las vacas comen hierbas y las ovejas lo mismo y sobreviven, y yo como vaca y ovejas para no caer enfermo… ¿por qué no podríamos comer todos hierbas?”.
Acerca de las cabras en la cocina
“En mis cocinas no hay lugar para ninguna cabra. Cuando están vivas huelen mal y se comen todo, mis mesas y bancos incluidos. Muertas huelen peor. Para liberarse de la hediondez de la cabras, libérese de las cabras”.
Restos
“Si los restos que sobraron de un banquete parecieran ser demasiado apetitosos para dárselos a los sirvientes y los perros (ya que sus sensibilidad podría verse ofendida y su digestión afectada por semejante opulencia), pique todo y colóquelo en una olla con nueve partes de agua y polenta. Después hiérvalo durante medio día a fuego lento para eliminar el mal sabor natural. Se lo puede servir a todas las creaturas, quienes se verán sumamente agradecidas por sus preocupaciones y molestias”.
Rana en caja
“Se debe colgar una rana y secarla al sol. Se la puede consumir cuando las patas están negras. Sin embargo, si colocara una rana muerta dentro de una caja, cubierta con grasa de ganso, sellada durante dos meses y sin aire, ¿todavía podría ser consumida? Los hombres prudentes cuelgan su rana muerta al sol.”
Lirón relleno
En los tiempos antiguos se lo preparaba de este modo: primero se lo rellenaba con nueces, pimienta y coles. Se lo cocía, se lo cubría con miel y luego se lo cocinaba encima del fuego. Sin embargo, Salai (quien se cree era el novio de Da Vinci) me ha dicho que comer lirón es un error, y ha vuelto a servirme pollo. ¡Cómo me aburre! … el pollo también.
Platos para personas pobres
Polenta y una hierba. Agregue a su polenta algo de tanaceto.
Polenta y dos hierbas. Agregue a su polenta algo de tanaceto y algunas flores de saúco.
Polenta y tres hierbas. Agregue flores de saúco y jugo de amapolas rojas. Para fiestas y eventos especiales.

Inicios del hipismo en Venezuela




Juan Carlos Feijoo


Los primeros caballos arribaron a Venezuela a principios del siglo XVI embarcados en naves españolas, con predominio de fuertes y elegantes ejemplares de la raza Berberisca (Mezcla de las razas Española y Árabe). Como consecuencia de la selección natural y el clima, las condiciones adversas por la falta de buena alimentación junto a las plagas existentes en el nuevo mundo, dieron origen al Caballo Criollo Venezolano, el cual era de menor alzada y belleza que sus ancestros. Para inicios del siglo XIX, la población equina venezolana rondaba los 150.000 ejemplares, rebaño que quedó diezmado por la Guerra de Independencia. Los pocos Criollos que quedaron fueron cruzados con Árabes y Media Sangres, dando origen al Caballo de Trabajo, usado por los hombres de campo, para el arreo y cuidado del ganado vacuno y el transporte.

Las carreras de caballos como espectáculo organizado en Venezuela se escenifican por primera vez en la segunda década del siglo XIX. Estos desafíos se hacían a campo traviesa, naciendo con ello la tradición de la hípica en la región guayanesa venezolana (al sureste del país), a orillas del río Orinoco en Angostura, actual Ciudad Bolívar. A finales de ese siglo, surge el que es considerado como el primer hipódromo venezolano que llevó por nombre El Callao y se tiene como año de inauguración en 1876 gracias a la iniciativa de Antonio Liccioni, magnate de las minas de oro que dispuso de un descampado para echar a correr a los caballos guayaneses a fin de distraer a los peones de los achaques del oficio y porque las peleas de gallos demandaban una espuela demasiado sangrienta en las apuestas. Esta idea dio pie a la instalación de pistas de carreras en Guasipati, Tumeremo y Upata, todas en la misma región con los mineros como principales aficionados del espectáculo que mantenía un anecdótico estilo inglés.




En 1878 los Generales Julio Sarría y Mario Gallegos celebran un contrato de arrendamiento con el Municipio caraqueño sobre un terreno denominado La Consolación, a objeto de construir allí un hipódromo. Por los mapas de la época, las carreras se disputaban en recta ya que la identificación del hipódromo presentaba una forma rectangular alargada. Otro de los primeros promotores del espectáculo hípico en la capital del país fue Mathieu Valery, quien acordó por vía de contrato “instalar un campo de carreras o hipódromo en Caracas”. El contrato quedó suscrito entre Valery y el General Ramón Gordils, llevándose a cabo el 24 de mayo de 1895. A raíz de esta iniciativa y junto a las voluntades de personalidades como Gustavo J. Sanabria, Alberto Smith, Carlos Zuloaga y Edgar Ganteaume entre otros, se fundó el Jockey Club de Venezuela, llegando a generar expectativas en el medio social caraqueño en términos de lo que representaba un hipódromo en la capital.
Una nota de “El Cojo Ilustrado” refleja la apertura del hipódromo de Sabana Grande con fecha 1 de marzo de 1896: “La inauguración de las carreras de caballos en Caracas se efectuó el domingo primero del corriente mes; y el éxito correspondió a las aspiraciones del público y al interés y entusiasmo de los fundadores del Jockey Club, que tiene ya asegurada la presencia de todo lo mas selecto de nuestra sociedad”.

01 febrero 2009

Londres: suma de centros







Leonardo Rodríguez







Paseo por las callejuelas del reducido, casi arbitrario Soho de Londres, hojeo libros en la Waterstone’s de Oxford Street, una de las tantas catedrales librescas de la ciudad, donde cada quien reza a su propio aire, pago tributo a Pan, dios griego del sexo salvaje, y entro en una sex-shop, salgo rumbo a una tienda de discos también monumental, donde me hago de una grabación de Ben Harper con los Blind Boys of Alabama y de una colección de Jordi Savall interpretando música española antigua. Paseo de nuevo entre callejuelas y no decido qué rumbo tomar. Las cientos de apariciones humanas y urbanas, de idiomas y espacios interiores-tiendas, pubs, cafés- son una fiesta a la que acudo callado, casi reverente. No estoy perdido sino ganado a la calle. La inmediatez de esta calle, de este jardín, de ese pub en la esquina no será remplazada por nada en el mundo. El placer del callejeo está en ver lo irremplazable y es previo a toda reflexión. El mundo está-por un largo momento- fuera y yo por un momento formo parte del mundo, formo parte de Londres.

La ciudad en la que estoy envuelto no es sólo gnóstica sino erótica. En la tensión de este contraste, Londres es reina. La camino tanto para conocerla y aprender de ella como para gozarla.

Como otras metrópolis, Londres tiene varios centros. Es Trafalgar Square, la plaza desde donde el Almirante Nelson, rodeado de leones colosales, mira el mundo que es su imperio, una plaza monumental (ay, la sombra de la ciudad) que siempre me ha resultado desagradable sin que hasta ahora sepa exactamente porqué. Tal vez porque la pompa política alcanza allí notable brutalidad. Otro centro vecino es la National Gallery y su arquitectura de déja vu clásico, justo detrás de Trafalgar Square, donde a veces acudo sólo por ver los cuadros que más me seducen y maravillan, un Rembrandt donde Saskia se baña desnuda en un agua oscura, un veneciano del Renacimiento donde riman perlas y pezones, un Holbein donde estoy en el cine. Esos cuadros son también mis centros de Londres.

En Charing Cross Road, calle céntrica del centro, convergen Oxford Street y sus hordas de consumo y trabajo, Leicester Square, sus clubes nocturnos y su deprimente vaciedad, las callejuelas graciosas de Covent Garden. Charing Cross Road es de esas calles que se transforman desde que comienzan hasta que terminan: empieza como patio trasero, todavía sin el Road, de esa zona glacial de negocios que es el Strand y llega a la hirviente caldera humana que es Tottenham Court Road. En esa calle están también las mejores librerías de segunda mano de la ciudad. Hay una en especial donde me gustaría volver cada cierto tiempo en peregrinación. No una catedral, una capillita es suficiente para la fe de algunos lectores.

Si el centro de una ciudad es donde estamos solos con la ciudad (ella en lo suyo y nosotros en lo nuestro, confundidos), Londres tiene muchos centros simbólicos, muchos lugares donde uno puede adivinar su alma. A mí me gustó encontrarle centros a Londres mientras viví allí, como quien busca zonas erógenas y psíquicas en un ser al mismo tiempo extraño y familiar.

El alma de Londres es una casa admirada de South Kensington, un jardín cercano a mi trabajo de Regent Street, el puente de Battersea; una librería de segunda mano en Chelsea, otra en Brixton; una vieja librería de libros nuevos en Piccadilly; era la parte del río más cercano a mi habitación de ese barrio descolorido que es Stockwell, era Gabriela, nada inglesa y poco enamorada de la ciudad, y Hyde Park; era mi trabajo en un restaurante italiano de New Burlington Street, mis compañeros, los idiomas que hablaban, los países de donde venían; era la British Library, donde fui un rey hambriento entre libros y jardines, y una ventana de Russell Square desde donde miré el Lejano Oriente y por un momento pensé que América nunca había existido. Era una mata amarilla-un milagro- en Notting Hill. Los abastos de hindúes en toda la ciudad. Un cementerio en medio de Hampstead, uno de esos cementerios que Elias Canetti, en un acto de fe, amó como ejemplo de la convivencia entre vivos y muertos. Era la casa del poeta John Keats, antiguo vecino de Hampstead, ese barrio del norte donde aprendí a servir cerveza y donde escuché, no al ruiseñor del poeta romántico, sino, batiéndose contra el anuncio metálico del pub donde trabajaba y en cuyo cuarto piso dormía, las primeras ventoleras londinenses -todavía, como a un ser manso, las llamaba brisa. En ese pub, la Wells Tavern-ahora transformado, desaparecido- y en otro de Hammersmith, supe ¡por fin! que el alma del mundo, o al menos de la ciudad, era una mesa. En la pátina de hollín que cubre otros tantos edificios de Londres, en ese aire de “miseria elegida” de tantas casas y calles, según la expresión de Javier Marías, vi la noche oscura de la ciudad.

El alma era, en fin, el idioma inglés, que intentaba apropiarme como un secreto.

Hay veces en que el territorio de una ciudad se hace sensible. En Londres uno tiene que usar el mapa para llegar a casi todas partes. No sé cuántas veces me perdí como un perro sin olfato o sin casa entre sus calles. Está, en todo caso, ese mapa físico que a veces nos acompaña y está el otro, trazado en la imaginación y la costumbre. En ninguna otra ciudad mi pasión y mi alma urbanas se han visto tan correspondidas, tan a su aire, tan plenas. Los defectos de Londres, que los tiene a montones, son tan interesantes como los de la mujer barbuda al que un loco amó con pasión.

Esa convivencia fue al mismo tiempo un placer y un aprendizaje casi siempre exigente y arduo. Si pasas un mes sin trabajar, estarás en la calle, en un desierto lleno de gente. Beware.

Londres está llena de ratones y jardines, se relame en el sexo, el amor y el desamor cosmopolitas, arrastra con desvergüenza la apoteosis gastronómica de los fish-and-chips y la culpable cercanía de París, venera con pasión nocturna las minifaldas y la música.

Londres es una heredera de sus ex -colonias tanto como de su imperio. Es no sólo una capital de bienes sino de males, de lujos tanto como de necesidades, de británicos como de asiáticos, árabes, latinoamericanos y europeos del continente. Capital del placer y también de la angustia, de las oportunidades humanas y del extravío, de la crítica cotidiana y de los goces superfluos y no tan superfluos, del rencor social y de la cortesía. En Londres, la ciudad sin misterios, vi a un hombre hablar con Dios en una capilla vacía. No hay testigos.

Para ir a Canterbury, destino de peregrinos, desde Londres, hay que pasar por Wye, que casi quiere decir Por qué. Estuve a punto una vez de bajarme en esa estación para siempre.

El Londres que tengo ahora frente a mi memoria es un libro abierto en varios idiomas, lleno de inmigrantes, exiliados, desterrados y uno que otro nativo, una página marcada a la que uno vuelve.

Espero el autobús, al final del paseo, en una de las paradas de Regent Street. La luz de las tiendas de ropa ilumina caras cansadas y ensimismadas. El double-decker será un umbral a ras de tierra que me llevará a casa. Ese autobús es otro centro. Allí escucharé con no saciada curiosidad las decenas de idiomas que se hablan en esta ciudad babélica, uno de los lugares más oscuros de la tierra, como dijo Conrad, y uno de los más luminosos también. Escucharé los idiomas y el caos. Si no me sumerjo entre las multitudes que regresan a sus casas, escucharé el silencio de la ciudad y tal vez leeré, con admiración y ánimo de parodia, las páginas iniciales de El enigma de la llegada, donde V.S. Naipaul, con inusual tono amoroso, cuenta cómo descubrió su centro, su hogar, en una ciudad perdida de Inglaterra.

12 junio 2008

Crisol de culturas y moda en el Mediterráneo


Manuel Lebón


Barcelona, urbe situada en la costa mediterránea muy al norte de España, es sin duda la ciudad más cosmopolita y una de las más activas económicamente de España. Una metrópolis que siempre probó su deseo de ser moderna, seguir la últimas tendencias internacionales o estar a la cabeza de ellas y todo ello se hace evidente hasta para el turista más despistado, especialmente si observa su vibrante arquitectura, las agitadas calles y las vitrinas de las tiendas, que tan bien reflejan el modo de enfocar la vida que siempre impulsa a esta ciudad europea. Sin embargo, Barcelona tiene una historia muy antigua, como atestiguan sus numerosos monumentos románicos, góticos y renacentistas -que se ven en el lugar menos pensado, como los célebres fragmentos de un templo romano en el sótano de una casa medieval- pero lo más característico, o lo que la hace más única y peculiar, se ha construido en los últimos 100 años, siendo un importantísimo centro del modernismo: el espíritu de Antoni Gaudi gravita sobre Barcelona y el constante flujo de turistas a lugares como el Parque Güell o la inacabada Iglesia de la Sagrada Familia dan fe este fervor por tan orgánico estilo. Sin embargo, los Juegos Olímpicos de 1992 fueron un antes y un después para la llamada Ciudad Condal ya que se inició un ambicioso plan de rehabilitación urbana y fue renovada y transformada en gran extensión -tras decenios de negligencia franquista- para recibir dignamente este exigente acontecimiento internacional, contando hoy día con millón y medio de habitantes en su casco urbano y más de cuatro millones en su área metropólitana.
El laberinto del casco Antiguo
Unos de los primeros destinos a los que accede cualquier turista que llega a Barcelona desde el cercano y espacioso aeropuerto del Prat o la gran estación de trenes y buses de Sants son la céntricas Plaza España, Plaza Cataluña y las Ramblas, siendo esta última un bulevar de dos kilómetros dividido en cinco secciones y atravesándola abigarrada zona vieja. Urbanizadas desde finales del siglo XVIII estas calles son quizás el mejor escenario para conocer la esencia de Barcelona, ya que en sus variopintas aceras jalonadas de altos árboles, se encuentran paseantes, de todas las edades, nacionalidades y condiciones sociales, fluyendo en verdaderas ríadas humanas que no cesan sino hasta bien entrada la madrugada. También abundan numerosos quioscos de prensa, flores, pájaros y otros productos a lo largo del paseo; estatuas vivientes disfrazadas con gran inventiva y que siempre atraen público; la fuente de Canaletes (donde uno ha de beber para volver a la ciudad, cual Fontana de Treviy me ha funcionado hasta la saciedad); el prestigioso y remozado Teatro Liceu, una ave fénix del arte escénico; el cruce con calles emblemáticas de la zona antigua como Tallers o Portaferrisa; la enorme y nueva discoteca Fellini y la Plaza Real con sus clubes, cafés y animación: una peculiar mezcla de lo moderno y lo antiguo, lo sórdido y lo inmaculado que caracteriza a buena parte de la pintoresca Ciudad Vieja y sus barrios (Ciutat Vella, El Raval, el Gótic y la Barceloneta). La zona más comercial de la pujante ciudad se encuentra justamente en su centro histórico con calles muy importantes -a pesar de su estrechez- como Portaferrissa, Tallers, Pelai, Ferrán, Avinyó y Portal de l′Àngel, donde casi un millar de pequeñas tiendas –en particular zapaterías-conviven con los grandes almacenes y las franquicias de grandes cadenas de ropa como Zara, C &A, Pull and Bear o Bershka .También se pueden ver numerosas tiendas de artesanía de corte local u oriental, anticuarios, marqueterías como la famosa Verkerke, pastelerías varias y tiendas de diseño como la célebre DOM (C Avinyó 7), esta última una cadena de tiendas de objetos contemporáneos y mobiliario a caballo de las últimas tendencias y cuya sede principal es un must para los que suban por el elegante Paseo de Gracia. En la calle Avinyó también son destacables la impresionante Adidas Originals Store (C Avinyó 6) y tiendas de diseños urbanos creativos realizados por nuevos talentos de la confección como Cebra, La Jeteé, Sita Murt, Zsu Zsa, Tribu o (Z)Ink. Un caso especial es La Gauche Divine, multiespacio con dos pasarelas anuales donde se exhiben prendas de diseñadores jóvenes y grandes nombres de la escena hispana como Josep Font, Lydia Delgado, Ailanto, Ion Fiz, Monoplaza, Firma, Josep Abril, EBP, No Comprendo, Celia Marco, Kiricol y Ana Iri. Bajando las ramblas hacia el mar se puede cruzar a la izquierda en cualquier calle y adentrarse en este fascinante centro histórico de la ciudad, con sus abigarradas vías llenas tanto de día como de noche (no perderse bares como Fonfone, Dot , la Macarena o Café Royale) y numerosos edificios medievales o más recientes como La Catedral, el Ayuntamiento, la hermosa Plaza del Rei, el pomposo edificio de los correos o la atractiva iglesia de Santa María del Mar, la mejor de Barcelona para mí y para muchos visitantes asiduos. Para llegar a esta emblemática estructura hay que atravesar la rectilínea Avenida Laietana y su incesante tráfico y adentrarse en otras áreas del casco antiguo de gran interés como el llamado Born. Cuatro barrios conforman esta extensa área delimitada hacia el oriente por el maravilloso parque de La Ciudadela, edificado en 1869 al derribar las fortificaciones que Felipe V construyó tiempo atrás para mantener a raya a los catalanes. La Ciudadela es un magnífico lugar de esparcimiento en una urbe tan densamente poblada como Barcelona y no debe dejar de visitarse un domingo por la tarde para ver múltiples percusionistas, vendedores ambulantes, acróbatas, artistas y todo tipo de personajes. La Ribera y el Born, al sur del Casco Antiguo es actualmente una zona extremadamente popular entre los jóvenes "fashion victims" de alto vuelo al ser un área llena de galerías de arte, restaurantes y taperías, terrazas, locales de diseño, ropa y complementos. Entre los locales más significativos de este dinámico y cotizado distrito ya totalmente remozado se pueden mencionar Daaz y sus mobiliarios; peluquerías de vanguardia como La Pelu o Polopelo; los diseños de Divinas palabras, Ailantos, Amaya Arzuaga, Jocomomola, Spastor y otros creadores hispanos en las tiendas Como agua de mayo, La Comercial man y woman o Suspect . On Land es un verdadero escaparate para diseñadores barceloneses como Josep Abril y Josep Font en la calle Princesa; Custodi Dalmau es famoso en el mundo entero por sus franelas estampadas y su primer espacio Custo abrió en la Plaza de les Olles. Los modernos también pueden optar por las delicias de la Carhartt Shop, los divertidos estampados de Kukuxumusu, los pañuelos y foulards pintados a mano de Atalanta Manufactura y un sinfín de pequeñas boutiques. Una zona para degustar con profundidad y donde yo no me perdería una inmersión en la belleza de la calle Montcada con sus palacios antiguos que albergan el Museu Picasso, Omnium Cultural y el Museo textil y de la indumentaria. Para los amantes del dulce es de rigor entrar al restaurante de postres de Jordi Butrón, Espai Sucre, los amantes de las ilustraciones comer algún exótico emparedado en Sándwich & Friends mientras se ve un gran mural policromado de Jordi Labanda o descubrir la mítica Champañería cerca de la Plaza del Palau y tomar o comprar cava catalán a precios muy accesibles aún para nuestros bolsillos.
El frente marino y la Barceloneta
Dando la espalda al mar durante años debido a las industrias y líneas ferroviarias que atenazaban el frente marino, Barcelona ha recuperado progresivamente sus playas y línea costera con espaciosos paseos, playas rehabilitadas, centros náuticos y hasta islas artificiales comoel recinto lúdico Maremágnum. En una ciudad donde la idea del centro comercial no había calado hasta hace poco -con la reciente edificaciónde enormes "malls" como El Maquinista o Diagonal Mar- Maremágnun fuetodo un pionero una década atrás, por sus tiendas, cines y otras atracciones, las cuales han sido reformadas apenas el año pasado, tras un década de uso. La Barceloneta o pequeña Barcelona es el barrio marinero de la ciudad y el más joven de los cuatro grandes núcleos urbanos que componen la Ciutat Vella, remontándose en sus orígenes al siglo XV y aunque el barrio en sí es algo feo y hasta hace poco destartalado, es muy lindo el paseo que bordea la marina hasta llegar a las playas, famoso por sus restaurantes de paella valenciana. La visión de altas palmeras datileras de reciente introducción animan las playas más cercanas al centro de la ciudad y de donde parte en dirección al norte un largo paseo marítimo abierto en 1992. Este paseo, tan animado día y noche en la época veraniega puede recorrerse a pie o incluso mejor en bicicleta (que se pueden rentar en muchos lugares y hay animados tours guiados en grupo) pudiéndose apreciar la distintiva silueta del Hotel Ars y la torre Mapfre, rascacielos de torres gemelas de 45 plantas, con una altura total de 154 metros. Diseñadas por Bruce Graham en las instalaciones del Puerto Olímpico, estas afamadas torres tienen a sus pies el sensual y decorativo "Pez de Oro" de Frank O. Gehry y numerosos locales nocturnos como el popular Shoko Lounge Club. Las enormes torres gemelas, tan fácilmente distinguibles en una ciudad sin muchos edificios altos ahora tienen una verdadera competencia con la apertura en octubre pasado en la Plaza de Glories de la singular torre Agbar, diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel. La refulgente sede social de la empresa Aguas de Barcelona se compone de dos cilindros superpuestos, recubiertos de un manto de cristal, a modo de piel en el que la luz se reflecta generando un precioso efecto cromático, que es realzado por una espectacular iluminación nocturna de distintos colores. Este nuevo obelisco citadino preside por un lado la uniforme y vasta retícula del "ensanche" barcelonés y por el otro lado contempla la parte final de la larga avenida Diagonal, la cual atraviesa la zona en plena transformación de Poble Nou y culmina ya muy cerca del mar. Aquí ha nacido un nuevo barrio recién incorporado a la ciudad de nombre Diagonal Mar, compuesto de costosas áreas residenciales, hoteles y un moderno centro comercial con múltiples salas de cine, locales algo convencionales y una impresionante tienda Fnac de dos pisos (una estupenda cadena francesa de libros, discos y artilugios electrónicos). En frente de esta especie de pulcro Sambil playero se halla la enorme zona donde se realizó el controversial Forum de Barcelona en 2004 y entre varias edificaciones remanentes se encuentra un Centro Internacional de Convenciones, cuyo auditorio para 3.200 personas le convierte en el de mayor capacidad del sur de Europa. El elemento esencial de la zona es sin embargo el parque Diagonal Mar, no sólo por las 14 hectáreas que ocupa sino por su hermoso diseño y características. Concebido por el arquitecto Enric Miralles, este increíble parque combina en distintos niveles espejos de agua con una vegetación cuidadosamente seleccionada (las plantas llevan plaquitas cual jardín botánico) puentes varios y una serie de estructuras tubulares de formas extraordinarias que remedan esculturas. Frente a este fresco remanso de paz se cruza la autopista de la Ronda litoral y se llega en breve a la mejor playa de toda la urbe: Marbella, espacio donde abunda el nudismo y la buena música provista por varios los Dj´s de "chiringuitos" con nombres tan interesantes como Móchima o el Chiringay.

El ensanche modernista

Nacido como resultado de la necesidad de expansión de Barcelona fuera de sus murallas durante el siglo XIX -años de industrialización y esplendor para la Ciudad Condal- el Eixample como se le conoce en catalán creció sobre la llanura que comprendía la ciudad y los pueblos que la rodeaban, y que, posteriormente, pasaron a formar parte de Barcelona, como Horta, Gràcia, Sant Andreu de Palomar, Sant Martí de Provençals o Sarriá y Sant Gervasi. El ingeniero Ildefons Cerdà ideó un plan urbanístico con una red de calles perpendiculares y traveseras, a modo de cuartillas, sesgadas por dos vías superpuestas, la Diagonal y la Meridiana, y con su centro en la Plaza de Gloriés. Si bien el plan no se completó del todo, esta gran zona urbana tiene hoy día como centro neurálgico el distrito que se sitúa entre el lujoso Paseo de Gracia y la Rambla Catalunya, zonas muy concurridas, plenas de negocios, con las tiendas y cafés más exclusivos de la ciudad y con un marco arquitectónico único: los principales edificios modernistas de Barcelona. En la manzana situada en el Passeig de Gràcia y las calles Aragó y Consell de Cent se encuentran gemas del modernismo como la casa Lleó Morera de Domenéch i Montaner y la Casa Batlló y Casa Milla (La Pedrera), ambas de Gaudí, siempre asediadas por hordas de turistas. Del emblemático artista catalán también son las losetas verdosas que cubren este regio paseo que asciende desde la Plaza Cataluña hacia su fin en el ahora bohemio y antes obrero barrio de Gracia. Entre las múltiples tiendas que se pueden ver en esta suerte de Quinta Avenida barcelonesa destacan boutiques de Adolfo Domínguez; la magnífica zapatería de origen mallorquí Camper con una de sus tiendas más grandes (hay otra en el centro El Triángulo en Plaza Cataluña y todo un Hotel Camper en el Raval); un gran local de estupenda decoración de la firma italiana Diesel Store; el llamativo Boulevard de los Anticuarios de altos precios; la boutique Corium integrada a las instalaciones posmodernas del Hotel Omm; decenas de amplios locales de marcas muy conocidas como Loewe, Zara, Springfield, Benneton y hasta trasnochados clásicos hispanos como Lladró que sólo despiertan la curiosidad del turista japonés. Entre las tiendas de diseño destacan sedes principales de la cadena Habitat y de Vincon, esta última de enormes proporciones, dos entradas en calles distintas y todo tipo de mobiliarios, objetos y deliciosas lámparas. Un punto algo kitsch no solo lo aportan las porcelanas Lladró sino la entretenida tienda Fron en la calle Consell de Cent con sus extravagantes objetos de la colección Gold & Summer o el desparpajo de los diseños de creadores de moda como Divinas Palabras, Acupunture, Nudie Jean (premio a la colección europea del año) y otros modeladores de tendencias en el local TheGomez Street Couture (Pg. De Gracia 55). En la calle Muntaner también se halla uno de los dos locales de la cadena M69, con una gran selección de prendas masculinas de marcas como Paul Smith, Replan o Dick Bikkembergs.


El último bastión alternativo

Con la Plaza Real repleta de turistas y el Born convertido en zona de tiendas y ocio, el Raval se erige como el nuevo corazón de la Barcelona alternativa, multirracial e integradora, preservando su espíritu de barrio gracias a organizaciones como la Fundación Tot Raval y la presencia de miles de inmigrantes de diferentes nacionalidades. Lo que en otros tiempos se conocía como el infame "barrio chino", uno de los centros históricos más degradados de toda España y zona de prostitución, travestismo, drogas y pésimas condiciones de vida por su hacinamiento, se ha ido transformando paulatinamente desde hace quince años con la decidida intervención estatal. El término de "barrio chino", por que se popularizó la zona, no tiene que ver con una supuesta inmigración china (que si se nota más en Madrid) sino que fue Francesc Madrid quién adoptó este nombre tras ver la película Chinatown, rodada en los años veinte en EEUU y que mostraba similitudes a este barrio problemático y socialmente conflictivo. La recuperación del barrio con motivo de las Olimpiadas del 1992 supuso la edificación de nuevas viviendas y derribo de los focos de prostitución y del extendido tráfico de heroína, aunado a la mejora de los servicios sociales, culturales, artísticos y de instalaciones deportivas. El relativamente bajo precio de las viviendas y de los locales permitió la ubicación de muchos artistas, artesanos y galeristas, entre los cuales habían muchos extranjeros que apostaron por esta zona de la ciudad, que ha visto surgir en los últimos años una proliferación de locales de ocio, restaurantes, bares y tiendas. Muestras de este sórdido pasado se pueden hallar fácilmente al sur de la nueva Rambla del Raval (llamada popularmente Ramblakistán debido a la fuerte presencia de indios y paquistaníes) y no está de más pasarse por el destartalado y pintoresco bar Marsella para tomar una copa de Absenta y ver la variopinta fauna de travestones mayores, chulos y otros personajes dignos de un film de Almodóvar.

Para ver la cara más amable y progresista del Raval es necesario subir unas cuantas calles hasta la popularmente conocida plaza del MACBA, nombrada en honor al blanco edificio que construyó el arquitecto Richard Meier como museo de arte contemporáneo. Alrededor del atractivo edificio, una llanura de cemento siempre atestada de ruidosos patineteros resume los valores de una de las zonas más efervescentes de Barcelona: el conflictivo Raval de los escritores Georges Bataille o Narcís Oller es ahora un ejemplo de convivencia y pluralidad donde ya es raro ver golpizas o motines. Siguiendo las agujas del reloj y partiendo desde este insigne museo de arte contemporáneo, encontramos una inmensa área universitaria en etapa final de construcción, un muro habilitado para deleite de grafiteros, una escuela de primaria, un convento rehabilitado y una zona de terrazas muy chic presidida por un mural de Chillida. Para los amantes de la música alternativa esta área es más que significativa porque desde hace más de una década, el CCCB (Centro de cultura contemporánea de Barcelona) vecino al museo ha servido de sede al festival veraniego Sonar y legiones de modernos han acudido anualmente a este hermoso convento modernizado para ver a los mayores artistas de la vanguardia musical planetaria. Dentro del CCCB hay una maravillosa librería Laie con gran énfasis en el diseño y la arquitectura y donde también se hallan postales de fábula y juguetes futuristas. Para llegar a esta zona desde las Ramblas hay diversas calles muy interesantes como Tallers, llena de tiendas de discos de todos los géneros y bares como la coctelería Boadas, inaugurada en 1933 y cuyo primer propietario trajo consigo de La Habana los secretos de sus combinados. Otra entrada es la que ofrece el bullicioso Mercado de la Boquería. En su interior hay un despliegue maravilloso de pescado fresco, mariscos, carnes y embutidos, además de un sinfín de verduras y frutas de impecable presentación. En los últimos años se han instalado ventas de jugos tropicales y es uno de los pocos lugares de la ciudad donde se pueden degustar jugos de lechosa brasileña, cocada y jugo de kiwi; también hay un par de bares con mucha solera donde llenar la panza y tapear, el Quim y, sobre todo, el Pinotxo. Desde primera hora sus desayunos son deglutidos por gente camino al trabajo y legiones de noctámbulos a punto de acostarse después de salir de locales nocturnos de la zona como Salsitas, La Metro, La Paloma (muy famosa en todo el mundo tras el filme francés Casa de locos), Fellini o Moog.

En el Raval, gracias al efecto dinamizador del MACBA y del CCCB , han ido surgiendo algunas de las propuestas más alternativas de la ciudad en cuanto a galerías de arte y espacios expositivos, como la Galería dels Àngels (calle de los Ángeles, 16), la Ego Gallery (Doctor Dou, 11) o la Asociación Cultural La Serilla (Ferlandina, 39). Entre los supermercados y carnicerías paquistaníes y el comercio más tradicional, hay lugar para tiendas insólitas en el raval como The Air Shop que sólo venden objetos y mobiliario inflables de los más atractivos. A pocos metros de alli se encuéntrale Hotel Camper de diseño espectacular y con un restaurante que sólo ofrece bolitas de arroz con diferentes complementos muy naturistas. Eskandal y Comité también hablan de modernidad y del carácter cosmopolita de un barrio en el que se mezclan autóctonos y una creciente comunidad inmigrante, mayoritariamente magrebíes, paquistaníes y filipinos. La primera es una tienda de objetos y muebles de diseño nórdicos, es el sueño hecho realidad de dos islandeses afincados en Barcelona. Aún más llamativo es lo de Comité: moda exclusiva de una diseñadora sueca, otra francesa, una argentina y tres finlandeses. Su nombre no es casualidad: aunque cada uno va por su lado, se turnan al mostrador un día a la semana.

Para los amantes de los artículos de ocasión o de segunda mano tienen oportunidad de visitar el "Mercat dels Encants", en la plaza de las Glorias, que abre todos los lunes, miércoles, viernes y sábados, y el"Mercat de Sant Antoni" que bordea el Raval y donde cada domingo por la mañana se establecen puestos donde se compra y venden libros, discos, películas y prendas varias.

En dirección hacia el sur y luego de atravesar hermosas avenidas como Floridablanca o Paralell (en esta última se halla la sala Apolo, el club más vanguardista de toda la ciudad) el viajero se topa con la montaña de Montjuic, nombre que significa Colina de los Judíos en catalán medieval y que domina toda la ciudad. En la falda de este monte se encuentran las instalaciones olímpicas que acogieron los juegos de 1992, destacando el domo del Palau Sant Jordi diseñado por el japonés Arata Isozaki, diversas piscinas y el gran Estadio Olimpico Lluis Companys, diseñado originalmente por el arquitecto Domènech i Roura en 1929.

En medio de las densas arboledas de Montjuic se encuentran también lugares de interés turístico como Poble español de la Feria Mundial de 1929, sede de locales como la enorme discoteca Terrassa, la torre de telecomunicaciones diseñada por el célebre valenciano Santiago Calatrava, el Teatro Griego y museos tan hermosos como el de Joan Miró y la Caixa Forum, este último en una antigua fábrica de chocolates proyectada por Gaudí En la Avenida María Cristina, entrada principal a la montaña de Montjuic desde la Plaza de España, se encuentran los pabellones del recinto ferial de Barcelona (La Fira) creada también con motivo de la Exposición Universal de 1929 y donde se organizan algunos de los salones, muestras y exposiciones más importantes de España y eventos de moda como la Pasarela Gaudí o más recientemente la feria
Bread and Butter.

Bajo el lema "Fun and Profitt" (diversión y ganancias) la feria profesional de marcas de moda Bread and Butter fue creada originalmente en Colonia en 2001 pero alcanzó el éxito en Berlín, ciudad donde se realiza anualmente con la participación de medio millar de expositores en todo tipo de prendas, calzado, accesorios o joyería y decenas de miles de visitantes. En julio pasado, los organizadores han realizado la primera edición del evento en Barcelona, ciudad que han elegido como segunda sede permanente de la feria por su carácter cosmopolita, abierto y estar tan ligada a la vanguardia. Los resultados fueron tan alentadores que se firmó con La Fira la realización del evento dos veces al año, al igual que en la capital germana, concentrándose en el concepto de moda urbana y con un 10% de marcas españolas, destacando firmas catalanas como Custo, Divinas Palabras, Desigual y Jocomomola (la línea de producción joven de Sybilla) y diseñadores de gran prestigio como David Delfín, Jordi Labanda, Lola Casademunit y Florentino Cacheda entre otros.

Al salir de la feria se pude disfrutar los fines de semana y al atardecer, el espectáculo de la Fuente Mágica de Montjuic, una joya de ingeniería de 1929 que no ha perdido ni un ápice de su competitividad frente a atracciones más modernas y computarizadas. Gran parte de su atractivo se debe, además del talento de sus coreógrafos, a que sigue empleando la tecnología desarrollada por su creador, Carles Buigas, basada en unos prismas de cinco colores cuya rotación orquestada alrededor de potentes luces blancas genera un sinfín de matices cromáticos en medio de potentes chorros de agua que rocían de agua a miles de arrobados turistas.


MANUEL LEBON ANZOLA
Manuel Lebon Anzola es caraqueño y periodista egresado de Comunicación Social en la UCAB, laborando como articulista o redactor de planta en diversos medios de prestigio como los Diarios El Nacional, El Diario de Caracas y el Universal. Su pasión por la música, las artes y la botánica le lleva a escribir habitualmente sobre estos temas, exponer sus obras pictóricas, convertirse en reputado pinchadiscos y productor radial, aunque ha redactado extensamente sobre diversos temas como teatro, cine, moda, turismo, gastronomía y estilos de vida para numerosas publicaciones venezolanas como Puntal, Complot, Exclusiva, Guía Platinum, Estampas, Imagen. Pasajero, etc

Historietas de Federico Vegas


Historietas
Individual de Federico Vegas Chumaceiro
Apertura domingo 15 de junio de 2008 a las 11:00 a.m.
Centro de Artes Integradas
Sala William Werner Entrada izquierda de la Universidad Metropolitana
Terrazas del Ávila, Caracas – Venezuela, Telf.: (0212) 242 6850. Visite nuestra página web http://www.avc.org.ve/

La serie Historietas, dicho por el propio artista, es una obra lúdica que transita por lo cotidiano utilizando como catalizador el gran poder de atracción que tiene el color.
Historietas, en su forma consiste en grupos de dibujos-pinturas de pequeño formato ejecutados en acrílico. Cada obra está compuesta por ilustraciones pareadas que tienen formatos diferentes y están montadas con una intencional diversidad de marcos, apuntando así a una estética particular en el montaje. Al agrupar varias obras por el sentido cromático o de significados, la propuesta cobra la idea de pequeñas instalaciones. El uso del acrílico le da una gran riqueza cromática a la visual. Cada lámina está trabajada en un solo color como una silueta y contrasta con la imagen que la compaña. El uso de estos dos colores en contraposición aumenta la capacidad de sugestión y por ende, el poder de seducción de las piezas.

Historietas, en su fondo se compone de imágenes individuales que al encontrarse y juntarse, bien sea por la vía del humor, de la ironía o la simple interrelación visual, sugieren una historieta. Unen sus significados propios para crear un nuevo significado que cuenta, que denuncia, que invita, que seduce, en fin que nos lleva a disfrutar de una anécdota, un relato que a la vez será particular, pues emanará de los referentes individuales de cada persona. Por otra parte al colocar una pieza junto a otra de la serie de nuevo se multiplican las posibilidades de interpretación y de historias. Haciendo de Historietas una propuesta plástica del juego infinito del color y del cuento.
Desde sus inicios Federico Vegas Chumaceiro ha deambulado en una búsqueda introspectiva plasmada desde las sensaciones o desde lo lúdico. Nos ha presentado muestras como Contrafigura, Caracas (1991), Hacia fuera Madrid (1993), Memorias de paisaje, Caracas (1998) y Washington (1999), Travesías, Madrid (2004), Orillas, Miami (2004), Horizontes, Nuevo México (2006). En éstas ha mostrado las contradicciones de las emociones a través de los planos del adentro y el afuera, del hacia y el a través, de las texturas y el uso de los colores. Nos ha permitido ver el reflejo de la nobleza del color en sus variadas gamas, ha rozado una luz milagrosa que nos hace caer en paisajes imaginarios o perdidos por los escasos trazos que componen el aura de los mismos. Sus cuadros guardan un secreto, esconden poesía, que sólo escuchan aquellos que logran descifrar el alma de la obra. En ocasiones nos ha insinuado que los paisajes tienen sentimientos y memoria. Le ha dado vida a lo inanimado, cuestionado el sentir del ser y su rol frente lo que no puede defenderse. Nos ha subido a una chalana para recorrer los ríos a diferentes horas del día, en los que el estado de ánimo del paisaje cobra una prominencia abrumadora en los ojos de quien ve. Pronto dará a conocer su último trabajo en esta indagación, Desde adentro, una serie de piezas de gran formato en las cuales explora el fondo del mar desde sus entrañas. Con una visión que se acuesta en lo más profundo y mira el exterior y percibe como la luz atraviesa, a veces dulcemente, a veces con una fuerza salvaje, la espesura del agua.
En cuanto a lo lúdico hemos sido testigo de exposiciones como Los Juegos perdidos, Caracas (1994), Grandes inventos, Caracas (1995), Pura pinta, Caracas (1996). En éstas, el artista sin abandonar su apuesta pictórica de seducción y sinuosidad, saca del olvido y pone frente quien ve, juegos tradicionales que permanecían metidos en un baúl con candado en un ático. Señala elementos de nuestra cotidianidad que por pertenecer a ésta pierden el valor esencial que tienen en nuestras vidas. Muestra a través del cuadro dentro del cuadro reflejos de personas emblemáticas sin rostros, como increpándonos a ver nuestras caras donde el blanco llena el vacío. Por último en este camino del juego tiene sus Putitas una serie en la que emula un hombre que asiste a bares y pinta rostros de mujeres en servilletas. Las tercia y acuesta sobre un lienzo en el que conviven rostros, arrugas, miradas y bocas de tantas mujeres como ha podido admirar en su vida. Con un tratamiento amoroso las adhiere a una composición que evoca lo añorado y sublime que puede llegar a ser el enamoramiento o el simple acto de mirar la belleza.