13 agosto 2009

Siete poetas portugueses


POEMAS DEL LIBRO SIETE POETAS PORTUGUESES, EDITADO POR
LUNA NUEVA (UNIVERSIDAD METROPOLITANA) Y LA MAJA DESNUDA EDICIONES

TRADUCCIÓN: NIDIA HERNÁNDEZ

SOPHIA DE MELLO BREYNER ANDRESEN : Oporto 1919, Lisboa 2004. Estudió Filología Clásica en la Facultad de Letras de la Universidad de Lisboa. Poeta y Cuentista. Algunos de sus libros de poesía son: Poesía, 1944. Día de Mar, 1947. Coral, 1950. En El Tiempo Dividido, 1954. Mar Nuevo, 1958. El Cristo Gitano, 1961. Libro Sexto, 1964. Geografía, 1967. Dual, 1972. El Nombre de Las Cosas, 1977. Navegaciones, 1983. Islas, 1989. Musa, 1994. Obra Poética I, 1990. Obra Poética II y III, 1991. O Buzio de Coz, 1997 y Mar, 2000. Premio Camões 1999. Premio de Poesía Max Jacob 2001. Premio Reina Sofía de Poesía Ibero-Americana, 2003.


MEDEA

Tres veces rueda, tres veces inunda
En el agua de la fuente sus cabellos leves,
Tres veces grita, tres veces se inclina
Y dice: <> noche fiel a mis secretos,
Luna y astros que después del día claro
Iluminan la sombra silenciosa.
Triple Hécate que siempre me socorres
Guiando atenta el hilo de mis gestos,
Dioses de los bosques, dioses infernales
Que en mí penetre su fuerza, pues
Ayudada por ustedes puedo hacer
Que los ríos entre las márgenes espantadas
Vuelvan corriendo hasta sus fuentes.
Puedo esparcir la calma por los mares
O llenarlos de espuma y hondas olas,
Puedo atraer a mí los vientos, los puedo
Soltar cabalgando en los espacios.
Las palabras que digo y cada gesto
Que alrededor de su sonido en el aire dispongo
Tuercen árboles distantes y los hombres
Se despedazan y mueren en su eco.
Puedo atormentar a los animales
Hacer que la tierra cante, que las montañas
Tiemblen y que florezcan los peñascos>>

INICIAL

El mar azul y blanco y las relumbrantes
Piedras El palpitante espacio
Donde lo que esta lavado se vuelve a lavar
Hacia el rito del
espanto y del comienzo
Donde soy a mí misma devuelta
En sal espuma y concha regresada
A la playa inicial de mi vida.


LA PEQUEÑA PLAZA

Mi vida había tomado la forma de la pequeña plaza
Aquel otoño en que tu muerte se organizaba meticulosamente
Yo me aferraba a la plaza porque tú amabas
La humanidad humilde y nostálgica de las pequeñas tiendas
Donde los empleados doblan y desdoblan cintas y telas
Yo quería cambiarme por ti, porque ibas a morir
Y la vida toda dejaba allí de ser la mía
Yo trataba de sonreír como tú sonreías
Al vendedor de periódicos al vendedor de tabaco
Y a la mujer sin piernas que vendía violetas
Yo le pedía a la mujer sin piernas que rezara por ti
Yo encendía velas en todos los altares
De las iglesias que quedan cerca de esta plaza
Pues tan pronto abrí los ojos fue para leer
La vocación de lo eterno escrita en tu rostro
Yo convocaba las calles los lugares las gentes
Que fueran testimonio de tu rostro
Para que ellos te llamaran para que ellos deshicieran
El tejido que la muerte entrelazaba en ti.


FELICIDAD

Por la flor por el viento por el fuego
Por la estrella de la noche tan límpida y serena
Por el nácar del tiempo por el agudo ciprés
Por el amor sin ironía por todo
Lo que atentamente esperamos
Reconocí tu presencia incierta
Tu presencia fantástica y liberta


VENECIA

Dentro de este cuarto otro cuarto
Como un Carpaccio en las calles de Venecia
Segunda imagen susurro de sorpresa
Y un poco así son las calles de Venecia

Con fondo glauco de laguna o vidrio
Y un poco así en nuestra vida el doble
Espejo sin perdón por lo que no vivimos
Camina destinado a perderse


CAMÕES Y LA RENTA

Irás a palacio. A pedir que la renta
Te sea cancelada el día convenido
Este país te mata lentamente
País que llamaste y no responde
País que nombras y no nace

En tu perdición se concertaron
Calumnias desamor envidia ardiente
Y nunca faltaron enemigos
A quien se atreve a ser enteramente

Y aquellos a los que invocaste no te vieron
Porque estaban encorvados y doblados
Por la paciencia cuya mano de ceniza
Apagó los ojos en sus rostros

Irás a palacio irás pacientemente
Pues no te piden cantos sino paciencia

Este país te mata lentamente


LA PAZ SIN VENCEDORES NI VENCIDOS

Danos Señor la paz que te pedimos
La paz sin vencedores ni vencidos
Que el tiempo que nos diste
Sea un nuevo recomienzo de esperanza y de justicia
Danos Señor la paz que te pedimos

La paz sin vencedores ni vencidos

Eleva a la transparencia nuestro ser
Para poder leer mejor la vida
Para comprender tu mandamiento
Para que venga a nosotros tu reino
Danos Señor la paz que te pedimos

La paz sin vencedores ni vencidos

Haz Señor que la paz sea de todos
Danos la paz que nace de la verdad
Danos la paz que nace de la justicia
Danos la paz llamada libertad
Danos Señor la paz que te pedimos

La paz sin vencedores ni vencidos



EUGENIO DE ANDRADE, Póvoa de Atalaia, 1923, Oporto 2005. Realizó estudios en Lisboa y Coimbra. Poeta, Prosista y Traductor. Vivió en Oporto desde 1950. Algunos de sus libros de poesía son: Las Manos y los Frutos, 1948. Los Amantes sin Dinero, 1950. Las Palabras Prohibidas, 1951. Hasta mañana, 1956. Corazón del día, 1958. Mar de Septiembre, 1961; Obstinado Rigor, 1964. Oscuro Dominio, 1971. Materia Solar, 1980. Branco no Branco, 1984. Vertientes del Mirar, 1987. El Otro Nombre de la Tierra, 1988. Rente ao dizer, 1992; Poesía, Tierra de mi Madre, 1992; Oficio de paciencia, 1994. La Sal de la lengua, 1995. Pequeño Formato, 1997. Poesía, 2000. En Oporto existe una fundación con su nombre.
Premio PEN Club, 1984. Premio Jean Malrieu, 1989. Premio Extremadura, autores Península Ibérica, 2001. Premio Camões, 2001.



Es urgente el amor
Es urgente un barco en el mar.

Es urgente destruir ciertas palabras,
odio soledad crueldad,
ciertos lamentos,
muchas espadas.

Es urgente inventar alegría,
multiplicar los besos, los trigales
es urgente descubrir rosas y ríos
y mañanas claras.

Cae en los hombros el silencio y la luz
impura, hasta doler.
Es urgente el amor, es urgente
Permanecer.

Busca la maravilla

Donde un beso sabe
a barcos y bruma.

En el brillo redondo
y joven de las rodillas.

En la noche inclinada
de melancolía.

Busca.
Busca la maravilla.



POEMA A MI MADRE

En lo mas hondo de ti,
Se que te traicioné, madre

Todo porque ya no soy
el niño adormecido
en el fondo de tus ojos.

Todo porque ignoras
que hay lechos donde el frío no se demora
y noches rumorosas de aguas matinales.

Por eso a veces, las palabras que te digo
son duras, madre.
y nuestro amor es infeliz.

Todo porque perdí las rosas blancas
que apretaba contra el corazón
en el retrato enmarcado.

Si supieras como amo aún las rosas
tal vez no ocuparas las horas de pesadillas.

Pero tú olvidas muchas cosas;
olvidaste
que mis piernas crecieron,
que todo mi cuerpo creció,
y hasta mi corazón se hizo enorme, madre

Mira ¿quieres oírme?
a veces aún soy el niño
que se adormeció en tus ojos;

aún aprieto contra el corazón
rosas tan blancas
como las que tienes en el retrato;

aún oigo tu voz:
Era una vez una princesa
en medio de un naranjal...

pero tú sabes, la noche es enorme,
y todo mi cuerpo creció.
Y salí del retrato,
di a beber mis ojos a las aves.

No me olvidé de nada, madre.
Guardo tu voz dentro de mí.
Y te dejo rosas.
Buenas noches, me voy con las aves.


PEQUEÑA ELEGÍA DE SEPTIEMBRE

No se como has venido,
pues, debe haber un camino
para volver de la muerte.

Estás sentada en el jardín,
las manos en el regazo llenas de dulzura,
los ojos posados en las últimas rosas
de los extensos y calmos días de septiembre.

Qué música escuchas tan atenta
que no das conmigo?
¿Que bosque, o río, o mar?
¿O es dentro de ti
que todo canta aún?

Quería hablar contigo.
decirte apenas que estoy aquí,
pero tengo miedo,
miedo que toda la música cese
y tú no puedas más ver las rosas.
Miedo de romper el hilo
con que tejes los días sin memoria

¿Con que palabras
o besos o lágrimas
se despiertan a los muertos sin herirlos,
sin traerlos a esta espuma negra
donde cuerpos y cuerpos se repiten,
parsimoniosamente, en medio de sombras?

Quédate así,
Oh llena de dulzura,
sentada, viendo las rosas,
y tan ajena
que ni das conmigo.


CORAZÓN DEL DÍA

Aún me miras, no sé si muerta:
desprendida
de innumerables, melancólicos muros;
recordando sólo
que fuimos jóvenes y hermosos,
alados y frescos y diurnos.

¿De que lado adormeces?
Alma: ¿nada te duele?
No te duele nada, lo sé;
ahora el cuerpo es hermosura
urgido de ser río:
a mi encuentro vuela.

Nada te hiere, nada te ofende.
En un paisaje de agua,
tranquilamente,
extiendes tus ramas
que sólo la brisa acaricia
La brisa y mis dedos
perfumados de tu rostro.

Mamá, ahora nada nos separa.
De tu mano me llevas,
una vez mas,
al bosque donde me siento
a tu sombra.
¡Cómo creciste!
Suspiras.
Alma: como crecí.
Como tú
ahora
pequeña, frágil, llovizna.



António Ramos Rosa nació en Faro en 1924. Poeta, ensayista y traductor. Vive en Lisboa. En poesía ha publicado los siguientes libros: El grito claro, 1958. Viaje a través de una nebulosa, 1960. Voz inicial, 1960. Sobre el rostro de la tierra, 1961. Estoy vivo y escribo sol, 1966. La piedra desnuda, 1973. Ciclo del caballo, 1975. Figuraciones, 1978. Incendio dde los aspectos, 1980. Volante Verde, 1986, Acordes, 1989. Clamores 1992. Lampara con algunos insectos, 1993. tu rostro, 1994. El navío de la materia, 1994. La mesa del viento, 1997. Antología poética 2001. Gran Premio de poesía Inasset, 1986. Gran Premio de Poesía Asociación Portuguesa de Escritores 1989. Premio Pessoa 1988



Porque no supe merecer la gloria,la más dulce
la de quedarme a tu lado
y que la sangre
la palabra
aboliera la diferencia
entre mi cuerpo y mi voz
porque te perdí
no se quien soy


POEMA DE UN FUNCIONARIO CANSADO

La noche me cambió los sueños y las manos
me dispersó los amigos
tengo el corazón confuso y la calle es estrecha
estrecha en cada paso
las casas nos devoran
nos consumen
estoy en un cuarto solo en un cuarto solo
con los sueños cambiados
con toda la vida contrariada ardiendo en un cuarto solo
Soy un funcionario apagado
un funcionario triste
mi alma no acompaña mi mano
Débito y Crédito Débito y Crédito
mi alma no baila con los números
intento esconderla avergonzado
el jefe me pescó con el ojo lírico en la jaula de la casa
y debitó mi cuenta de empleado
Soy un funcionario cansado de un día ejemplar
¿Por qué no me siento orgulloso de haber cumplido mi deber?
¿Por qué me siento irremediablemente perdido en mi cansancio
deletreo viejas palabras generosas
flor muchacha amigo niño
hermano beso novia
madre estrella música
son las palabras cruzadas en mi sueño
palabras soterradas en la prisión de mi vida
esto todas las noches del mundo en una sóla noche larga
en un cuarto solo.


Nacimiento último

Como si no tuviera sustancia y con los miembros apagados.
Desearía enrollarme en una hoja y dormir en la sombra.
Y germinar en el sueño, germinar en el árbol.
Todo acabaría en la noche, lentamente, bajo la lluvia densa.
Todo acabaría por el más alto deseo en una sonrisa de nada.
En el encuentro y en el abandono, en la última desnudez,
respiraría al ritmo del viento, en la relación más viva.
Sería de nuevo el germen que fui, el rostro indivisible.
Y ebrias las palabras dirían el vino y la arcilla
y el reposo de ser en el ser, sus oscuras terrazas.
Entre rumores y ríos la muerte se perdería.


La mujer feliz

Está de pié sobre las blancas dunas.
Las olas la conducirán
y los vientos la llevarán. Está ahí
en la redonda perfección de la ofrenda.
Duerme en el sereno esplendor.

Dice luz porque dice ahora y eres tú y
soy yo en un círculo solitario.
Está ebria de aire como una fuerte lámpara.

Es un área de equilibrio, de movimientos flexibles,
un reposo incendiado, la victoria de una piedra.
Se abren aguas hondas y un nuevo fuego aparece.
¡Que lentas son las largas hojas y las arenas!
¡Que denso es este cuerpo, esta luna de arcilla!

Desnuda como una piedra ardiente, más que una
Promesa
fulgurante, la amorosa presencia de una mujer feliz.
En ella duermen los pájaros, duermen los nombres puros.
Ahora crepita la noche, las lenguas que circulan.

Crecen, crecen los músculos de la más intima distancia.


Cuerpo de aroma

Fuiste corola o barco
¿pero cuando?
mi hermana
mi amante leve, mi árbol,
que el mundo eleva
en la inocencia absoluta
del instante.
Alta estabas en lo amplio y recogida
como una lámpara,
alta estabas en la baranda blanca.
Si acaso aún puedes ser aroma
de mis ojos.
Cuerpo en el cuerpo,
retiro y sustancia, línea alta
de la delicia,
nada te pediré en mi ansia
de puro espacio,
de azul inmediato,
de luz para el olvido y el desierto



Casimiro de Brito. Algarve, Portugal, 1938. Autor de: Labyrinthus.1980. Dos Aguas un río, 1989. (Con Ramos Rosa). Súbitamente el Silencio, 1991. Opus Afectuoso, 1997. Animal Volátil, 2001. En el 2002 recibió el premio Internacional de Poesía Leopold Sedar Senghor, por su obra poética, Director de festivales de poesía en Lisboa y Faro. Presidente de la asociación europea para la promoción de la poesía y actualmente presidente del PEN Club portugués.


AMOR SOLAR

Cansado de los hombres aparto las nubes
En busca de un árbol donde pueda
Beber en paz y en paz
Construir mi nido. Ahí
En el tronco más silencioso de la gran casa
No soy ciudadano de ningún país
Padre de ninguna familia
Soy apenas el perro más humilde
Del mundo que hay más allá del mundo
Donde se miden milimétricamente
El bien y el mal. En ese patio
Ya no estoy, me aparté
Cuando perdí el sentido del peso
Y de las medidas cuando alguien me dijo
Y yo lo vi.
Que en una gota de vino hay diez mil años
De amor solar.


EN LA VÍA DEL MAESTRO

Camino hacia la muerte como quien teje
El hilo de cabello que une este cuerpo
A todas las cosas: El amor sin cálculo,
La luz de las gaviotas, la sandalia de quien se aparta
En la playa desnuda. Hablo de sombras y del silencio hablo
En la cal de la mañana escalada interior,
Alpinismo puro. El atajo en esas dunas,
Se confunde con los pies
Y no se distinguir la piel
Del aire girando ni el alma del polvo
De mi dorso. Me oigo en las estrellas
Más distantes también ellas habitan,
Dice el maestro,
En la sangre terrosa y sin arterias.


La paz


¿Si te pidiera la paz, qué me darías


pequeño insecto de la memoria de quien soy


nido y alimento? ¿Si te pidiera la paz,


la piedra del silencio cubriéndome de polvo,


la voz limpia de los frutos, qué me darías


respiración pausada de otro cuerpo


bajo mi cuerpo? Perdóname ser tan solitario y aún hablarte


de mi exilio. Perdóname si no te pido


la paz. Apenas pregunto: ¿Qué me darías


a cambio si te la pidiera? ¿La sabiduría? ¿El sol?


¿Un caballo de ojos verdes? ¿Un campo de batalla


para grabar en él tu nombre junto al mío?


¿O apenas un cuchillo de fuego, intranquilo


en el centro del corazón?



Nada te pido, nada. Visito, simplemente,


tu cuerpo de ceniza. Hablo de mí,


te entrego mi destino. Y vivo la muerte


sólo de preguntar: ¿Qué me darías si te pidiera


la paz


y supieras cómo la quiero construida


con materias vivas de libertad?


De la palabra
Silencio: la palabra


respira. Cuerpo tirado
en el mar. Silencio de fuego


y música.



Silencio: la palabra sangra


su cántico de polvo. Pez


de sombra


mordiendo las estrellas.



La palabra solamente. La palabra


refresca. Hueso abandonado


en la playa desierta.



La palabra de agua


donde niego la muerte. Pausa


de sol.



Nuno Júdice, 1949. Se doctoró en Literatura Medieval en la Universidad Nueva de Lisboa. Algunos de sus libros: La noción del poema, 1972. Las innumerables aguas, 1974. El mecanismo romántico de la fragmentación, 1975. Lira de Liquen, 1986. Las Reglas de la Perspectiva ,1990.Un canto en la esperanza del tiempo, 1992. Meditación entre ruinas, 1994.El movimiento del mundo 1996. La fuente de la vida 1997. Raptos 1998. Teoría General del Sentimiento, 1999. Juegos de Reflejos, 2000.


ZOOLOGÍA: EL GATO

Un gato, en casa, solitario, sube
a la ventana para que, de la calle
lo vean.

El sol pega en el vidrio
y calienta al gato que, inmóvil
parece un objeto.

Se queda así para que
Lo envidien indiferente
aunque lo llamen.

Por no se qué privilegio,
los gatos conocen
la eternidad.


Cosas

Aristóteles nunca tomó café.
Platón nunca comió feijoada a la brasilera.
Alejandro nunca ordenó cuscús en Alejandría.
Cleopatra nunca vistió Dior.
Cesar nunca usó un Rolex de oro.
Brutus nunca disparó un revolver.
San Agustín nunca tomó lexotanil.
Carlo Magno nunca leyó a Freud.
Marco Polo nunca tomo un avión.
Lorenzo de Médicis nunca condujo un Ferrari.
Erasmo nunca simpatizó con Choucroute.
Lutero nunca hizo yoga.

Yo tampoco.


METAFÍSICA

Frente a la taza de café, enciende
un cigarro. No quiere saber de inspiración,
de versos, de tal vez, de rumbos vagos
como la dirección de los ríos. Es probable
que el tiempo no lo asuste, que la muerte
no sea para él, más que una
idea sin realidad visible: que
los ojos no dejen translucir algo
de una vida abstracta que coincida
con el alma. A veces piensa en responder
las interrogantes que se le plantean. Pero
posterga ese instante. Prefiere mantener
la silenciosa obstinación del presente,
como si durara, y el café
no se hubiera enfriado en la taza.


POESIA

de donde viene la voz que nos
rasgó por dentro, que
trajo consigo la lluvia negra
del otoño, que huyó por
entre neblinas y campos
devorados por la hierba?

Estuvo aquí aquí dentro
de nosotros, como si siempre aquí
hubiera estado: y no la
oímos, como si no nos
hablara desde siempre,
aquí, dentro de nosotros.

Y ahora que la queremos oír,
como si la hubiéramos re-
conocido antes, ¿donde está? La voz
que danza de noche, en el invierno,
sin luz ni eco, entre tanto
segura de la mano el hilo
oscuro del horizonte.

Dice “no llores lo que te aguarda,
ni desciendas de inmediato por la margen
del río postrero. Respira
en una breve inspiración, el olor
de resina, en los bosques y
el soplo húmedo de los versos”

Como si la oyéramos.



Rosa Alice Branco, 1950. Poeta y ensayista Licenciada en Filosofía. Es investigadora en Comunicación y Arte. Obra poética: Animales de la tierra, 1988. Monadología Breve, 1991. La mano feliz, 1994. El último trazo del pincel, 1997. Del alma y de los espíritus de los animales, 2001. Animal volátil (con Casimiro de Brito) 2002.


El secreto de la materia

Tengo seis años y subo al ático,
por las escaleras que crujen
bajo los pies que vuelan en secreto,
crujen como la puerta al abrirse
hacia la luz filtrada de los temores de la infancia
donde espero un poco
por todo lo que me espera desde la eternidad.
Tengo siete años y la ceniza se confunde con la luz
depositada en el tiempo. Los cofres dan a ver el otro lado
del mundo disperso por el suelo a mi vuelta.
No son objetos sino el propio misterio de la existencia
que va pasando por mis manos
cuando tengo ocho años, cuando tengo ahora
el secreto de una puerta que se abre hacia la casa.
Recorro los caminos de la mesa, de la cama, de la chimenea,
las raíces de la casa son el ático
donde la luz toca en las manos el infinito.
Subo con los ojos espantados
y espero aún la aurora que me aguarda
aproximándose lentamente a su polvo.


ORACIÓN A SAN GREGORIO

donde no haya horario ni salario
ni hoja de higuera
ni piedra de sal
ni cosa que haga mal
sólo un ramito del viento
para podernos salvar


Dormíamos encima de las gallinas
al lado de las palomas
de los montones de leñas que llegaban hasta la ventana
con los olores de mayo.
A veces un trueno
hacia al santo pararse de la cama
tomar café de prisa
abrirse camino para apartar la tempestad
del miedo de los conejos y de la abuela.
Me acuerdo de la trenza balanceándose
a la luz de la lamparita
de la oración esparcida por el cuarto
y yo encogida en el calor de la cama
para no oír ladrar los perros en la noche
sin saber que un santo los llevaba lejos del monte
donde nunca hubo ni horario ni salario
ni hoja de higuera
ni el tiempo que nos cuenta los días
sólo un ramo de viento que florece en la ventana
entre la ceniza y la madera
y el amor de la abuela.


ARTE POÉTICA

Me gustaría comenzar con una pregunta
o con el simple hecho
de que las rosas que desde aquí se ven
entren en el poema.

¿Que es entonces el poema?
¿un tejido de orificios por donde entra el cuerpo
sentado en la mesa y el modo
como las rosas me acechan desde la ventana?

Afuera un jardinero trabaja
un niño corre, una gota de rocío
acaba de evaporarse y la humedad del aire
no entra en el poema.

Mañana estará mustia aquella rosa:
podrá escoger su epitafio, la mano que la sepulte
y después entrar en un cantero del poema,
mientras un capullo se abre en verso libre
afuera donde late el rumor del día.

¿Que son las rosas dentro y fuera
del poema? ¿Donde estoy yo en el verso
en el que el niño se tiró al suelo cansado de correr?
¡Y es la hora del almuerzo del jardinero!
Como si fuera indiferente que la gota de rocío
hubiera entrado o no en el poema.


GRAVITACIÓN UNIVERSAL

De nuevo el mar que espero
sentada a la ventana que da hacia las rosas,
Que da hacia todas las calles por las que pasé
con tus pasos. Hacia los caminos
donde volteamos la cabeza para no ver
el hombre desvaído en el suelo.
Después comimos en la casa de un amigo,
bebimos y hablamos como si la vida fuera eterna.
De regreso la calle estaba limpia, sin señales
de sangre. Las luces sobre el mar en las dos márgenes
y tu mano en mi pierna. Allá en el cielo
un hombre sin vientre busca sus alas.
Nada se de ángeles. Yo que espero el mar todos los días
creo en la rotación de la tierra y en la ley de la gravedad.
Pero cuando llegas el cuerpo pierde peso
y las palabras vuelan alrededor de nosotros.



ANA LUISA AMARAL. Lisboa, 1956. Vive en Oporto. Es profesora de Letras. Especializada en Literatura Norteamericana. Es traductora de Emily Dickinson. Trabaja en el proyecto: Literatura e Identidad. Traducida a varios idiomas. Ganadora del Premio correntes d´Escritas. Premio Literario Casino da Póvoa Es una de las poetas actuales más reconocidas de Portugal. Ha publicado: Mi señora de que, 1990. Cosas de partir, 1993. Epopeyas, 1994. Y muchos los caminos, 1995. A veces el paraíso, 1998. Imágenes, 2000.


LA GÉNESIS DEL AMOR

Tal vez un intervalo cósmico
poblando sin querer la vida:
talvez un quásar que la inundó de luz,
la transformó en materia tan densa
que la escindió
la retuvo suspendida
en el espacio

Eran formas cadentes
como estas:

Imágenes como bóvedas del cielo,
asombrosas igual al asombro en el que nacerían
las primeras preguntas sobre los dioses.
el cero, el universo,
la solidez de la tierra redonda y luminosa,
esperando Admastores que la domestiquen,
o fuegos fatuos incendiando miradas,
o marineros ciegos, ávidos de luz,
de la línea que, acompasada
divide cielo y mar

Quásar es poco, porque la palabra roza
lo que la piel descubrió. Y tampoco la piel
alcanza:
pequeño meteoro en implosión

Estatua luminosa, tal vez,
esperando la paz (aunque haya ausencia
de creencia o de fe) y, profano el diseño
de esos extraños animales,
semi monjes, malditos
deslumbrados,
y una visión tal vez
en la penumbra serena de algún
claustro

Tal vez así tendría algún
sentido
la génesis del amor



SALOMÉ DESPUES DEL CRIMEN

¿Cuantas veces te vi
y me sorprendí mirándote ?
Sintiendo la tentación
de espiarte y el deseo de amar
lo que no tenía

Como saber
por los sueños más desnudos
que me asaltaban,
que yo no era un paisaje para ti?

Ven lujuria sólo
donde hubo amor
y un crimen tan enorme de lujuria:
pero yo te quise indefenso
como una fiesta,
tus labios una fiesta para mí

Cuantas veces estuve
pensando en mi crimen
y en la historia de los hombres
juzgándome!

Pero lo que vi
en la bandeja del crimen
fueron los ojos con los que
me mirabas
(yo un paisaje finalmente)

y la lujuria
que hay siempre
en el amor


Primera imagen

En una tarde de sol,
se dispone el bordado y a bordar.
Es que la luz del balcón era tan fuerte
que los ojos se mantenían,
implorando
Un sueño , quisiera.
Y alguien sonriendo,
lentamente se alejó,
monte arriba.


LA HORA MÁS EXACTA
Imágenes
que vovían lentamente,
se recostaban en ella sin pudor.
Y en el silencio, la esfinge impenetrable,
conociendo el color del corazón:
renuente a los barcos
deponiendo por el suelo de otros palacios
las armas más preciosas.
No puedo, agregará
sintiendo que se aproxima
la hora exacta.


CASI NADA MÍSTICO


No, no debe ser nada este palpitar


adentro: sólo un lento deseo


de bailar. Y ni debe tener gran


significado este vapor dorado,




invisible a miradas ajenas:


sólo un polen a medias, como de abeja


esperando volar. Y no es con certeza


relevante este brillante aquí:




polvo de diamante que encontré


en el verso y por azar, poema


muy breve y muy corto,


que aprovecho y traigo para ti.


VISITACIONES, O POEMA QUE SE DICE MANSO

Mansamente entró, mi hija.

La madrugada entraba como ella, pero no
tan mansamente. Los pies descalzos,
con un ruido menor que el de mi lápiz
y una risa mayor que la de mis versos.

Se sentó en mi regazo, mansita.

El poema me invadía como ella, pero no
tan mansamente, no con esta exigencia
tan mansa. Como un ladrón furtivo,
mi hija me robó la inspiración,
versos casi logrados, casi míos.

Y mansamente se adormeció aquí
feliz por su crimen.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenas noches,
Me gustaría invitarte a ver 2 libros de artista que realicé en homenaje a Pessoa:
http://www.peresalinas.com/libros-artista/PEQUE%D1OS/2009.htm
En este otro enlace podrás ver una selección de collages que titulé "Contra Pessoa"
http://www.youtube.com/watch?v=cnbnSHBlyyM
Un cordial saludo.
Pere