01 agosto 2011

acerca de la poesía y el suicidio, tema recurrente...

Concha Seijas




...aunque admirada de mi misma debo confesar (más bien, comunicar) que ya no soy poeta-suicida. Algo que ni siquiera me había planteado lograr pues lo consideraba imposible después de años, décadas, toda una vida, esquivando a duras penas el suicidio. Después sobretodo de los eventos terribles ocurridos en mi vida a partir de diciembre de 1999 parecía inefable, inevitable; incluso obligado, el suicidio. Pero aquí estoy, en España, después de más de 10 meses de haber abandonado Venezuela para siempre (el "para-siempre" es, por ahora, de 10 años a 15 como mínimo antes de volver a ver el Ávila) con un pasado que incluye haber sido casi desde que nací poeta-suicida y no serlo más: ciertamente un privilegio. Un privilegio conquistado a pulso, trabajado; pues la condición de poeta-suicida "en presente" es un privilegio gratuito (aunque agradecido enormemente; recuerden a Freud (cito de memoria): "...el poeta, esa personalidad singularísima..." ... y escasísima, agregaría yo (esa condición de "elegido").
Freud aquí se refiere al "poeta-suicida" obviamente para los entendidos-elegidos). El haber sido un poeta-suicida y ya no serlo más -sin obviamente haberse degradado a nivel de alma y siguiendo vivo y con ganas de vivir- es un logro mayúsculo producto de un esfuerzo y una voluntad titánicas, amén de mi consabida disciplina. Esta reflexión se debe al siguiente texto que copio abajo extraído de una página web (ya lo había leído en su momento) y que se refiere a mi amiga y poeta-suicida y suicidada, Martha Kornblith. Hoy, Martha, no sabes como lamento tu muerte por mano propia. Y debo, Martha Kornblith, recitarte un lugar común (perdóname): la vida es bella y tú podías haber sido feliz. Debo confesar que dejé abandonados en Caracas tus 3 libros (de cada uno poseía más de un ejemplar pues los obsequiaba a las almas hermosas e inteligentes -que son pocas): Oraciones para un Dios ausente (que tuve el placer de leer en todas sus primeras "versiones", en tus cuartillas escritas con una viejísima máquina de escribir; gracias por escogerme para leer tus maravillas inéditas y recién "salidas del horno") que inicialmente llevaría como título Poemas a la muerte de mi madre (y que el prejuicio editorial de alguien te llevó a abandonar un título adecuadísimo para el contenido del libro pero no para cierta editorial tercermundista -Monteávila). Por cierto, este dato y otros casi nadie los posee porque, lamento decirte, Martha, que desde que te lanzaste de aquel quinto piso para convertirte en un amasijo de carne y concreto medio mundo se anda declarando amigo tuyo, conocido tuyo, (ex)amante tuyo (y, tú, desde la tumba, ya no puedes "reservarte el derecho de admisión a tu vida" parafraseando un verso tuyo que la mayoría de tus jamás amigos, amantes, conocidos y etcéteras, tal vez, no conozcan). Y tú, Martha, que prácticamente no tenías (por elección propia) amigos. Suicidarse, siendo genial y joven (y bella..., y judía.., y millonaria...) , produce estas consecuencias muy a menudo. No sé si las sopesaste. Las consecuencias "positivas" (traducción instantánea de tu obra a varios idiomas, re-ediciones, etc., fama mundial, presencia en antologías múltiples) de tu suicidio temprano, no me cabe la más mínima duda, las sabías de sobra. Y para ser sincera, las negativas, también. Pues, Martha, ni quiero subestimar tu desgarradora y brutal inteligencia ni, tampoco, la mía. También dejé tus otros dos libros publicados: Sesión de Endodoncia y El Perdedor se lo lleva todo. Este último, más que genial (póstumo) y cruel, cínico a más no poder, valiente, exclusivo y absolutamente desconsiderado para con tu familia y amigos. Pero así tenía que ser: es una obra de arte magistral. Leerlo la primera vez fue una experiencia emocional durísima y, al mismo tiempo, me quedé pasmada de tanto talento, de tanta inteligencia brutal y, sobretodo, de tanto valor.

Abandoné tus libros, Martha, pues al abordar el avión rumbo a un exilio voluntario en Europa, pretendía en primer lugar sobrevivir, no matarme, "medianizarme" (en el significado que Heidegger le da al término "mediano"). No quería llevar conmigo "herramientas materiales" para la muerte. No obstante, Martha, me los sé (los 3) de memoria. Y tengo aquí en España conmigo poemas inéditos tuyos que jamás han sido publicados. Y no lo serán, pues -que yo sepa- no era tu voluntad (no sé si alguien más posee este material).

Transcribo el siguiente artículo que procede de otra página web:


"La elección de Kornblith: Hastiada de MiedoBlanca Elena PantinEl Universal1 Junio 1997Caracas.- En un momento del día jueves 29 de mayo Martha Kornblith (Lima, Perú, 1959) decidió suicidarse. Algunos supieron la noticia de su muerte por una esquela ubicada en la parte inferior izquierda de la página de obituarios. Fue, leída así, una noticia brutal. Poeta, autora de los libros Oraciones para un dios ausente (colección Las formas del fuego. Monte Avila Editores, 1985), El perdedor se lo lleva todo (Pequeña Venecia, en prensa) y Sesión de endodoncia (Inédito, de próxima edición bajo el sello de Vitrales de Alejandría), Kornblith perteneció al grupo Eclepsidra junto con Israel Centeno, Carmen Verde, Abraham Abraham, Fernando Scorcia, Iván Crespo, Miguel Angel de Lima, María Milagros Pérez y José Luis Ochoa.Formada en los talleres de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Kornblith participó _al igual que la mayoría de los miembros de Eclepsidra_ en el taller que dirigió Rafael Arráiz Lucca entre 1990 y 1994, primero en la sede de la Galería de Arte Nacional y luego en la casa de Monte Avila Editores cuando el autor de Pesadumbre de Bridgetown era director del sello de La Castellana: 'Hacia Rafael nos unen lazos afectivos y un reconocimiento a su obra poética y gerencial pero eso no quiere decir que dependamos de él. En el plano estético nos sentimos más cercanos a Terrenos pero nunca a Balizaje. Rafael no ha fungido de pope. El taller lo dirigimos todos', declararon en 1994 cuando anunciaron públicamente el nacimiento del grupo. Poco después el taller se disgregó y Eclepsidra sufrió una escisión con dos brazos principales. Uno liderado por Israel Centeno y el segundo por Carmen Verde. El primero asumió la dirección de la colección de narrativa del Grupo Editorial Eclepsidra (luego se independizaría definitivamente bajo el nombre de Memorias de Altagracia) y Verde colección de poesía (Vitrales de Alejandría).Libro desesperanzado y doloroso. Oraciones para un dios ausente anticipa la trágica determinación de Kornblith. En uno de los poemas trata de enfrentar la sentencia de Adorno sobre la imposibilidad de escribir después de Auschwitz. A la sentencia del filósofo opone la visión de Gunter Grass: 'Tienes que utilizar ese traje/una vez y otra/y no llevar nunca un traje nuevo. Tienes que vivir de la orina/de los riñones mal lavados'. Todo eso recordó Kornblith cuando iba a escribir un poema. Y escribió entonces el suyo:

No había sobre qué decir,
salvo las tertulias del hambre
la imposibilidad de abstraer.
Había que andar
con el lápiz bien afilado.
Y escribir:
no escribas poesía
ni envidies la seda de las sinagogas.
Lo digo hoy
hastiada de miedo.

Hastiada de miedo como Miyó Vestrini, como Silvia Plath, como Alfonsina Storni, como Alejandra Pizarcick, hastiada de miedo, Martha Kornblith decidió su muerte."
(Blanca Elena Pantin, El Universal, 1 Junio 1997)




Seijas Andamollo, María Concepción (Concha Seijas, 18.9.1960 - ): Escritora, poeta, ingeniero e intelectual venezolano-española nacida en Caracas en 1960. Poeta caraqueña de la generación de los 80, Concha Seijas, estudió primaria y bachillerato en el Colegio Humboldt de Caracas (1965-1978). Se graduó de ingeniero de materiales en la Universidad Simón Bolívar (1987) habiendo cursado también estudios de arquitectura, matemáticas y literatura. Perteneció a los talleres literarios de la época de los 80 en Caracas (Anagrama, Antonia Palacios, Rómulo Gallegos, Monteávila).

1 comentario:

VocalesVerticales dijo...

WOW! He llegado a tu blog por casualidad. Como darte las gracias? G R A C I A S... Que genialidad lo que has escrito y conociste a Martha wow a Martha...

Te has salvado realmente?
algunos somos tristes, somos, no estamos y contra eso no hay cura.
El don y latigo de la escritura.

Infinitamente agradecida de haberte encontrado en la web.

ICR